Thursday, July 8, 2010

Prefacio de Las flores del mal

Posted by José P. M


Como decía Darío en sus Prosas profanas: "Detesto la vida y el tiempo en que me tocó nacer".


¡Pero, ay, pobres de nosotros! Nada más mórbido para el poeta que esta comarca. En esta casa, al pálpito de la lectura, se enciende la pupila de la rata vulnerada. Y en otra recámara, yacen otros, en el sueño de Endimión, hipócritas lectores que desprecian el lenguaje -¡tu nombre es legión!-, y nutren de torpores la medianía de su espíritu. Luego, en los confines del granero, los escritores, como cerdos retozantes en su abyección, sólo gozan en el cálido baño de sus abortos. Es este nuestro hogar.


He conocido, por mucho tiempo ya, el solapado hedor neovictoriano de este terruño. Cuando regalé, con candor adolescente, una edición de Las flores del mal a aquel querido amigo del pasado y querido enemigo del presente no habría adivinado, años más tarde, que mi precioso regalo había sido consumido por las llamas que encendiera la repulsiva moralina de su alma débil y cobarde. Es este nuestro hogar. En su reciente visita, el poeta Claudio Pozzani nos decía que actualmente nadie se atrevería a publicar, por primera vez, Los cantos de Maldoror y puedo afirmar, con certeza, que ninguna de las excelentes editoriales de este país tendría otra opinión.


Quizás algún día resuene en nuestras filas literarias, como trompeta victoriosa, el trino del diablo; pero, mientras tanto, para las almas que se purifican en la retórica de Satán, he aquí el prefacio del autor de Las flores del mal a su obra:


"Este libro no ha sido escrito para mis mujeres, mis hijas o mis hermanas, las hijas o las hermanas de mi vecino. Dejo esta tarea a los que se muestran interesados en confundir las buenas acciones con el lenguaje bello.


Sé que el amante apasionado del bello estilo se expone al odio de las multitudes; mas ningún respeto humano, ningún falso pudor, ninguna coalición, ningún sufragio universal, podrán obligarme a hablar la jerga incomprensible de este siglo, ni a confundir la tinta con la virtud.

Ilustres poetas, hace tiempo que se repartieron las provincias más florecientes del terreno poético. Me ha complacido, y tanto más cuanto la tarea presentaba crecientes dificultades, extraer la belleza del mal. Este libro, esencialmente inútil y absolutamente inocente, no tiene otro fin que divertirme y estimular mi gusto apasionado por la dificultad.

Algunos han apuntado que estas poesías podrían dañar; no he sentido alegría por ello. Otros, almas buenas, que podían hacer bien; no me he afligido. El temor de unos y la esperanza de otros me resultan extraños y no han servido más que para probarme, una vez más, que este siglo había olvidado todas las nociones clásicas concernientes a la literatura.

Pese a los auxilios que determinados pedantes célebres han aportado a la natural estupidez del hombre, nunca hubiera sospechado que nuestra patria pudiera caminar a tal velocidad por la vía del progreso. Este mundo ha adquirido tal espesor de vulgaridad, que imprime al desprecio por el hombre espiritual la violencia de una pasión. Pero existen felices caparazones en los cuales el veneno no podrá jamás abrirse paso.

En un principio, acaricié la idea de contestar a las numerosas críticas, y explicar al mismo tiempo algunas cuestiones muy simples, totalmente oscurecidas por las modernas luces: ¿Qué es la poesía? ¿Cuál es su objeto? De la distinción del Bien y lo Bello; de la belleza en el Mal; que el ritmo y la rima obedecen en el hombre a imperecedoras necesidades de monotonía, de simetría, de sorpresa; de la adaptación del estilo al asunto; de la vanidad y el peligro de la inspiración, etc., etc.; sin embargo, cometí la imprudencia de leer esta mañana algunos papeles públicos; repentinamente, una lasitud como el peso de veinte atmósferas se abatió sobre mí, y me he visto paralizado ante la espantosa inutilidad de explicar cualquier cosa a quien fuese. Quienes saben, me pueden adivinar, y para los que no quieren o no pueden comprenderme, amontonaría en vano las explicaciones."

C. B.

Tuesday, June 15, 2010

Esbozo de las Letanías de la rosa

Posted by José P. M



He aquí un esbozo de traducción de las "Letanías de la rosa", de Rémy de Gourmont, obra primigenia del autor, olvidada entre los esmaltes y camafeos decimonónicos. Para el lector avezado en rosas emponzoñadas, del jardín suplicios.


Letanías de la rosa


Flor hipócrita.

          Flor del silencio.


Rosa color de cobre, más fraudulenta que nuestras alegrías, rosa color de cobre, embálsanos con tus mentiras, flor hipócrita, flor del silencio.


Rosa de cara pintada, como una muchacha de amor, rosa de corazón prostituido, rosa de cara pintada, haz parecer tu semblante piadoso, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa de mejilla pueril, oh virgen de futuras traiciones, rosa de mejilla pueril, inocente y roja, abre las trampas de tus ojos claros, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa de ojos negros, espejo de tu nada, rosa de ojos negros, haznos creer en el misterio, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa color de oro puro, oh caja fuerte del ideal, rosa color de oro puro, dános la llave de tu vientre, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa color de plata, incensario de nuestros sueños, rosa color de plata, toma nuestro corazón y hazlo humo, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa de mirada sáfica, más pálida que los lirios, rosa de mirada sáfica, ofrécenos el perfume de tu ilusoria virginidad, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa de frente púrpura, cólera de las mujeres despreciadas, rosa de frente púrpura, dinos el secreto de tu orgullo, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa de frente de marfil amarillo, amante de tí misma, rosa de frente de marfil amarillo, dinos el secreto de tus noches virginales, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa de labios de sangre, oh comedora de carne, rosa de labios de sangre, si quieres nuestra sangre, ¿qué haremos? Bébela, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa color de azufre, infierno de deseos vanos, rosa color de azufre, enciende la hoguera donde flotas, alma y llama, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa color de durazno, fruta aterciopelada de pintura, rosa solapada, rosa color de durazno, envenena nuestros dientes, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa color de carne, diosa de la buena voluntad, rosa color de carne, haznos besar la tristeza de tu piel fresca e insípida, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa vinosa, flor de toneles y de cavas, rosa vinosa, los alcoholes locos brincan en tu aliento: soplan el horror del amor, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa violeta, oh modestia de niñas perversas, rosa violeta, tus ojos son más grandes que el resto, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa rosada, virgen de corazón desordenado, rosa rosada, falda de muselina, entreabre tus alas falsas, ángel, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa de papel de seda, simulacro adorable de las gracias no creadas, rosa de papel de seda, ¿no eres tú la verdadera rosa, flor hipócrita, flor del silencio?

Rosa color de aurora, color del tiempo, color de nada, oh sonrisa de la esfinge, rosa color de aurora, sonrisa abierta sobre la nada, te amaremos pues tu mientes, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa rubia, ligero abrigo de cromo sobre hombros frágiles, oh rosa rubia, hembra más fuerte que los hombres, flor hipócrita, flor del silencio!

Rosa con forma de corte, vaso rojo donde muerden los dientes cuando la boca bebe, rosa con forma de corte, nuestras mordeduras te hacen sonréir y nuestros besos te hacen llorar, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa muy blanca, inocente y color de leche, rosa muy blanca, tanto candor nos aterroriza, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa color de bronce, masa curtida al sol, rosa color de bronce, las más duras jabalinas se embotan sobre tu piel, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa color de fuego, crisol especial para las carnes refrectarias, rosa color de fuego, oh providencia de miembros infantiles, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa en satén cereza, munificencia exquisita de los labios triunfales, rosa en satén cereza, tu boca iluminada colocó sobre nuestras carnes el sello púrpura de su espejismo, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa de corazón virginal, oh turbia y rosada adolescencia que aún no habla, rosa de corazón virginal, tú no tienes nada que decirnos, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa grosella, vergüenza y rojez de los pecados ridículos, rosa grosella, se arrugaron demasiado tu vestido, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa color de la noche, mediomuerta de problema, humo crepuscular, rosado color de la noche, ti meurs de amor besando tus manos cansado, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa azul, rosa irisada, monstruo color de los ojos de la quimera, rosa azul, alza un poco tus párpados: ¡ten miedo que te vean los ojos en los ojos, quimera, flor hipócrita, flor del silencio!

Rosa verde, rosa color del mar, oh ombligo de las sirenas, rosa verde, gema ondulante y fabulosa, no serás más que agua en cuanto un dedo te toque, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa carbunclo, rosa florecida en la frente negra del dragón, rosa carbunclo, no eres ya más que una hebilla de cinturón, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa color de bermellón, pastora enamorada dormida en los surcos, rosa color de bermellón, el pastor te respira y el chivo te pace, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa de las tumbas, frescura emanada de las carroñas, rosa de las tumbas, agradable y rosada, adorable perfume de las finas putrefacciones, pareces viva, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa marrón, color de mates caobas, rosa marrón, placeres permitidos, sabiduría, prudencia y previsión, nos miras con ojos altaneros, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa roja y negra, rosa insolente y secreta, rosa roja y negra, tu insolencia y tu rojo palideció entre los compromisos que inventa la virtud, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa pizarra, grisalla de las virtudes vaporosas, rosa pizarra, subes y florece en torno de los viejos bancos solitarios, rosa de la noche, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa peonía, modesta vanidad de los jardines copiosos, rosa peonía, el viento sólo levantó tus hojas por azar y no fuiste descontenta, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa nevada, color de la nieve y las plumas del cisne, rosa nevada, sabes que la nieve es frágil y no abres tus plumas de cisne sino a los más insignes, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa hialina, color de las fuentes claras brotadas de entre las hierbas, rosa hialina, Hylas murió de gustar tus ojos, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa ópalo, oh sultana adormecida en el olor del harén, rosa ópalo, languidez de las constantes caricias, tu corazón conoce la paz profunda de los vicios satisfechos, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa amatista, estrella matinal, ternura episcopal, rosa amatista, duermes sobre pechos devotos y confortables, gema ofrecida a María, oh gema sacristina, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa cardinal, rosa color de la sangre de la Iglesia romana, rosa cardinal, haces soñar los grandes ojos de los tiernos y más de uno te fijó al nudo de su caballera, flor hipócrita, flor del silencio.

Rosa papal, rosa regada de las manos que bendicen el mundo, rosa papal, tu corazón de oro es de cobre y las lágrimas que gotean sobre tu vana corola son los llantos de Cristo,

Flor hipócrita,

Flor del silencio.

Thursday, May 20, 2010

Traducciones selectas de las Canciones de Bilitis

Posted by José P. M


De la meliflua poetisa del siglo VI a.e.v, contemporánea de Safo, que bucólica en Panfilia, elegíaca en Mitilene y epigramática en Chipre, ciñe las delicadas caricias femíneas y canta, no sin reproche, el brutal carruaje masculino.

Vierten los traductores la prosa aromática y plástica de Louÿs con fortuna, forjando el metro con la delicada mano que prestó, otrora, la caricia.

Canción

Cuando lo vi, al regreso,
el rostro entre las manos oculté.
Él me dijo: "No temas, nuestro beso¿quién,
quién lo pudo ver?"

"Nos vio la noche" -díjele- "y la luna;
nos vio el alba, de fijo;
las estrellas, también.
Se miraba en el lago la importuna
y al agua bajo los sauces se lo dijo".

"Lo contó el agua al remo
y el remo, a la barquilla;
y al pescador, la quilla.
Ahí no quedó todo, bien lo temo,
pues, ¡ay! el pescador lo contó a su mujer".

"Si la mujer lo dijo a una comadre,
ya lo sabrá mi madre,
hasta mi hermana,
y la Hélade entera, esta mañana.
Todos, hasta mi padre, ya lo habrán de saber".

(Traducción de Uribe White)

La copa

Lykas me vio llegar
a campo abierto,
vestida con una exómida de esclava
que me dejaba un seno descubierto.

¡Es tan abrumadora esta luz flava!

Luego él quiso mi seno moldear.

Hiñó en cercana fuente cristalina
un Puñado de arcilla suave y fina
y lo aplicó a mi piel, que acariciaba
la arcilla dúctil; mas, tan fría estaba...
Me sentí desmayar.

Una copa redonda, umbilicada,
con forma de mi carne moldeada
puso a secar al sol.
La decoró después en un diseño
de púrpuras y de ocres, con beleño
y con rojo ababol.

Fuimos luego a la fuente
que surge por ahí,
a las ninfas campestres consagrada,
y en su clara corriente
arrojamos la copa, ya colmada
con flores de alelí.

(Traducción de Uribe White)

Los tres amantes

El primer amante
me ciñó un collar
de perlas nacidas
en ignoto mar;
con él, un palacio
y esclavas sin par
y un templo y un trono
pudiera comprar.

El segundo amante
dijo en mi loor:
-Si de tus cabellos
el negro esplendor
desatas, la noche
se esparce en redor;
y de tus azules
ojos al fulgor
la mañana enciende
su primer albor .

El tercer amante
-lo tuve hasta ayer-
de toda hermosura
tenía en su ser;
tan solo mirarlo
era ya un placer
que aún a su madre
hacía estremecer...
Su frente, su boca
-tibio rosicler-
sobre mis rodillas
venía a poner.

Tú, nada me dices;
tú, nada me das:
ni joyas, ni versos,
ni es bella tu faz;
nunca fina clámide
ceñiste quizás...
Sin embargo, túya
siempre me verás
cual los tres amantes
me vieran jamás.

(Traducción de López Narváez)

Thursday, May 13, 2010

Izen velas...

Posted by José P. M


     Me sugiere mi escueto público –uno, o dos amigos-, por afán, nuevas entradas para este cementerio marino. Sin duda me podrían haber pedido otras cosas en las que soy más diestro –como partir sandías con los glúteos-, pero me han pedido esto y yo no soy sino cortesano. Por tanto, abro de nuevo este libro “melancólico y orgiástico”, dedicado, humildemente, a los asuntos procaces, sicalípticos, o frívolos y, esporádicamente, literarios.

      En mi silencioso vagar por las aguas de nuestra cibernética literatura nacional, donde, más que nunca, se evaporan velozmente las palabras a manera de ondas de la ruta líquida, he percibido -¡ay de nosotros!- la proliferación de la soilez curva que previene Baudelaire, la que pule el obelisco, la que frota los higos, el rufián que no ha metido y ya saca, las mujeres de rompe y rasga … Todos muy bellos por fatuos. “¡Qué escándalo –me ha dicho un compañero en armas- cuántos discurren en las polémicas de nuestro mundillo literario y cuán pocos aplauden presurosos las creaciones bellas de nuestras mejores plumas (que las hay, no lo dudes)!” Mi triste amigo no había caído en la cuenta de que en ese instante se consagraba al vicio que tan enérgicamente denostaba -¡oh paradoja!- y había sido también presa de ese succès de scandale al hablarme de ellos, tan premeditado por sus artífices. Pero yo, pauvre enfant malade, más presto a los tropezones y a los desplantes, no temo la contradicción –pecado capital de la intelectualidad- y la estimación del presente y futuro literario me parece un oficio tan fructífero como cazar hormigas cojas en la estepa rusa; he nacido bajo la estrella de la indiferencia y su reverso, que está en la plural pasión de la infidelidad.

      Así, pues, te levanto el velo, blog ignorado, ¡que seas siempre pródigo con la promiscua Fortuna y ella lo será contigo!

       ¡Y a ti, gracioso lector, in thy orisons be all me sins remember’d!

Monday, June 22, 2009

Las Ninfas de la rosa (II)

Posted by José P. M


Traigo a Modestina de su perezoso retiro para celebrar nuevamente sus nupcias libertinas, en un fragmento más del texto Las Ninfas de la Rosa, con el ánimo de incitar esos instintos, primitivos o refinados, que subyacen dormitando en nuestras damas y en la dama que cada hombre lleva en su interior, cuando no en su más exterior. Como Agatón en las Tesmoforias, me he puesto el estrofion, las peribáridas y la túnica de Amorgos, es decir, el corsé, las zapatillas y la túnica traslúcida, mucho más indecente que la desnudez misma, para que el traje lleve consonancia con los versos -lo que no tenemos por naturaleza, hemos de adquirirlo por imitación- y que juzque el lector nuevamente si me queda bien o no el porte femenino, ¡qué tantas lubricidades y ternuras prodiga!

***

Carta de Modestina al Caballero D’Olzan


¿Pretendes, acaso, querido mío, que sea yo capaz de atizar la llama de tus instintos desde esta lejanía, ajeno a las brasas de mis labios, al ponto rosa de mis secretos? ¡Ardua faena me impones! Mas, ¿qué locuras no ha hecho ya y habrá de hacer aún esta loca lengua por ti?

Te podría contar, quizás, para enardecer tu corazón, de aquella ninfa de piel nacarina, semejante a una concha que se abre al sol, cuando en el frescor de un riachuelo, sumida en fatigosos placeres, uniendo al torrente de las aguas el torrente de su pasión, se entregó al cisne ingente, de amplísimo pico, ahogando suspiros y callando estertores; ¿o prefieres la historia del taimado toro albo, oculto en los rebaños, cuyo infinito vigor se conmovía, cuyo lomo se ensanchaba, mirando a la princesa entre la librea de flores? Así como la tomó él, ¿no me tomarás tú? Tras coronar tu cuello con amplias guirnaldas, tras cubrir tu pecho con virginales caricias, acaso se aplacará mi miedo. Temblorosa subiré a tu lomo. La sangre que tiñe tu cornamenta secular, jabalina de tantas batallas, será grata en los bálsamos del amor. Sobre el mar, en las costas de Creta, las olas batirán mis velos y se perderán con la brisa. Como una niña que tras la lluvia sube a un árbol, desnudos los muslos, y rodea una fuerte rama, balanceando sus piernas con dureza cual se monta a un potro indómito, así, acaso me ataré a tu amplio lomo, tan lívido, tan vasto. Y al llegar a la cálida ensenada, besando tus largas astas, fatigada caería sobre la arena, y que tu pecho caiga sobre el mío. 

Sé todavía otras canciones, más delicadas o más lúbricas, que tan sólo te contaría al oído, con el rubor hirviendo en mis mejillas. ¡Cuántas uniones ignotas, cuántas caricias, cuántos deleites y cuántos besos que el hombre aún no ha osado nombrar, bajo la confidencia de las sábanas, te relataría cada noche! Sí, conozco bien tu respuesta. ¿Pero por qué debemos, amado brutal, repudiar el embeleso de nuestras pasiones? Ni la lejanía, ni la espera, ni la vil niña que en tu lecho habita. ¿Acaso no derribaría yo toda lejanía, bajo las ruedas del más veloz de los coches, si allí me llamases? ¿No yacería, antes de la rauda llegada del alba mustia, a tus pies, arrodillada sobre la estera del portal y en agitada compostura? ¿Acaso prefieres a nuestra pasión, jamás apaciguada y siempre bullente, mil veces enardecida, feroz y divina, sus torpes caricias y su ingenua mirada, su cuerpo enjuto…? ¿No semeja tu lecho un féretro? ¿No extrañas el dosel de mi carne?

El sol aparece y, con él, el lamentable día. A ti ofrendo las horas sacras de la noche, tan sólo entonces corre la brisa fresca por los campos vacuos, tan sólo entonces presiento, por un instante, que lleva tu aliento.


Friday, March 6, 2009

La educación de las jovencitas. Lección I: La Vestimenta

Posted by José P. M


Prólogo
“Las artes están hechas para la vida,
y no la vida para las artes.”
O. Wilde

Ningún arte más desdeñado en nuestro siglo y de más apremiante importancia que la vestimenta. Los artistas actuales han negado demasiado a menudo la relación entre las artes y la praxis, cosa que inevitablemente ha perjudicado ambas cosas; y, me atrevería a decir, desconocido una simple verdad: nada es inefable al arte, nada posee un carácter tan absolutamente prosaico que no pueda ser embellecido y nada posee una forma tan artificiosa que escape del provecho. Un siglo utilitarista no es más que un siglo que desconoce la utilidad de las cosas bellas. Ningún espíritu es, en verdad, por completo ajeno a la sensibilidad de la belleza; la sensualidad, en la pureza de los caracteres, no es más que la agudización de esto.
El arte, en su distintivo individualismo, ensalza nuestro espíritu y purifica nuestro cuerpo; y esta expurgación, para todos aquellos poseedores de un temperamento artístico, puede ser hallada igualmente en las formas concretas de arte como en la cotidianeidad vital. Nada más peligroso que identificar al realismo con la realidad: ¿qué es el realismo, sino un amaneramiento estético? ¿qué es la realidad sino el vergel donde el artista aspira la materia de su eterna primavera? Para el carácter templado en la belleza, como dice Gautier, el mundo visible existe.
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Monday, February 16, 2009

Baladas y dobles baladas

Posted by José P. M

“Yace y duerme en este desván –con sus flechas lo mató Amor- un estudiante simple y pobre que llamaban François Villon (...)”
François Villon, padre de poetas malditos, es quizás el autor medieval de mayor valía literaria de cuantos conocemos. Su obra, cargada de indolencia, es pendenciera y vagante, casi un Cyrano de Bergerac de burdel. Y, allí, pende tanto de los patíbulos como de los senos de la gorda Margot. 
En una reciente exploración morbosísima de una biblioteca ajena, de esas realizadas con el solo ánimo de avergonzar al prójimo, encontré una traducción bastante notable de sus poesías, por el talentoso Rubén Abel Reches, y aquí transcribo un par de baladas, para el goce del lector avisado.

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Balada de agradecimiento

A Devotas y Mendicantes, 
a elegantes de chapa en suelas, 
a Cartujos y otros tunantes, 
a clientes y a mujerzuelas 
de esas que usan abiertas cotas, 
a galanes que por las modas 
hieren sus pies con prietas botas: 
agradezco a todos y a todas. 

A las que muestran pezoncillos 
porque saben que eso da oro, 
a traviesos y a ladroncillos, 
a saltimbanquis con su loro, 
a juglaresas y fantoches 
que silban, beodos y beodas, 
y así alegrando van las noches: 
agradezco a todos y a todas. 

Salvo a jauría azotadora 
que me hizo masticar grilletes 
pero que ya no temo ahora 
más que se teme a tres soretes. 
Les dejaría eructos, pedos 
a modo de estridentes odas, 
pero quiero evitar enriedos: 
agradezco a todos y a todas. 

Que con durísimos mazazos 
les rompan las costillas todas 
y las piquen a martillazos: 
agradezco a todos y a todas. 

Doble Balada

Amad, amantes corazones, 
haced según vuestros antojos, 
id a festines y a reuniones: 
terminaréis llenos de piojos. 
A los hombres hace Amor flojos: 
Salomón a herejía accede, 
Sansón pierde sus anteojos. 
¡Feliz de aquel que a Amor no cede! 

Orfeo, el tierno musicante, 
tocando rústicas dulzuras, 
por Amor se topó delante 
del Can de cuatro dentaduras. 
Narciso, de unas aguas puras 
cae al pozo y salir no puede 
por culpa de sus aventuras. 
¡Feliz de aquel que a Amor no cede! 

Sardaná, el de valor sin tacha 
que conquistó el reino de Creta, 
se fue a hilar como una muchacha 
y quiso ser mujer completa. 
El rey David, sabio profeta, 
dos bellos muslos ve y procede 
a olvidar a Dios que lo reta. 
¡Feliz de aquel que a Amor no cede! 

Amnón, presa de sed de amar, 
con el pretexto de que hambreaba, 
reclamó y desfloró a Tamar 
mientras la hojuela se quemaba. 
Dejó Herodes -¡cómo sudaba!- 
que la cabeza de Juan ruede 
por Salomé que le bailaba. 
¡Feliz de aquel que a Amor no cede! 

De mí también ¡pobre!, hablaré : 
por Amor, como lienzo en río, 
fui golpeado desnudo, y sé 
que lo ordenó un tierno amor mío, 
Catherine, con un gesto frío. 
Noël, que vio lo que precede, 
recibió parte del rocío. 
¡Feliz de aquel que a Amor no cede! 

No ha de dejar por ello el joven 
de perseguirlas sin cautela 
ni aunque en una hoguera lo adoben 
como al que en una escoba vuela . 
Para él huelen como canela. 
Loco igualmente es quien se enriede 
con morena o rubia mozuela. 
¡Feliz de aquel que a Amor no cede!